Entrevista con Alberto Vázquez
Alberto Vázquez “Yo soy dibujante y mi manera natural de contar historias es a través del dibujo. Es mi lenguaje.”
Alberto Vázquez Rico, (1980, La Coruña, Galicia) es director de cine, animador, ilustrador y novelista gráfico español que comenzó a estudiar Bellas Artes en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra y se graduó en la Universidad Politécnica de Valencia. Estudió ilustración en la escuela Massana en Barcelona. Su trabajo como dibujante comenzó en 2001. Fue uno de los cofundadores del sello de editorial Polaqia con el que publicó su primer álbum en solitario en 2002. También dirigió los mismos fanzines, como Fanzine Enfermo, y participó en otros lanzamientos ibéricos como Nosotros somos los muertos o Dos veces breve. Como ilustrador, ha desarrollado varios trabajos para periódicos y revistas, incluido El País y Pronto.
Pero es más conocido por su papel como autor de novelas gráficas. Una de esas obras, Psiconautas, fue llevada al cine en una producción guionizada y dirigida conjuntamente por él y por el vasco Pedro Rivero, bajo el nombre de Birdboy. Este cortometraje de animación fue nominado a los Premios Goya y a los Oscar en el año 2010.
Posteriormente realizó un largometraje basado en ese corto, Psiconautas, los niños olvidados. Ganador del Goya a mejor película de animación en 2017 y el mismo año ganó otro premio Goya al mejor cortometraje con “Decorado”.
También es percusionista de la banda de pop Mano de obra.
–En 2017 ganó el Goya con el cortometraje Decorado y ahora ha vuelto a conseguirlo con el largometraje basado en aquel universo. ¿Qué ha cambiado en estos años y qué le ha permitido desarrollar esta historia con mayor profundidad?
En realidad, esta historia es el resultado de un proceso muy largo. Empezó siendo una serie de historias cortas de cómic en 2012, que después adapté a un cortometraje en 2017. Más adelante intenté convertirla en una serie de animación para adultos y, finalmente, ha terminado siendo un largometraje.
Siempre he pensado que la historia de Decorado tenía potencial para ser algo más grande. El largometraje me ha permitido ampliar las temáticas, desarrollar nuevos personajes y explorar diferentes tramas y subtramas. A veces, cuando hago un cortometraje, siento que me quedo un poco limitado por la duración. Quizás porque vengo del comic y por mi manera de narrar, que es bastante coral, suelen aparecer muchos personajes secundarios que me apetece seguir desarrollando. Y con esta película he tenido la oportunidad de hacerlo.
De todas formas, soy un defensor de los cortometrajes. De hecho, creo que el cortometraje es el formato ideal para la animación, porque es donde podemos encontrar los trabajos más arriesgados, experimentar con técnicas diferentes y disfrutar de una libertad creativa mucho mayor. Pero el largometraje también me interesa, precisamente por su duración, porque te permite expandir mucho más las historias y los personajes, y también porque tienes la posibilidad de llegar a un público más amplio. En este caso tuve la oportunidad de hacerlo y decidimos llevarlo adelante.
–Decorado invita a cuestionar la realidad que nos rodea. ¿Hasta qué punto cree que vivimos dentro de una ficción que nosotros mismos hemos construido?
Todos vivimos un poco dentro de un decorado. En nuestra vida cotidiana interpretamos diferentes papeles, en el trabajo, con la familia o en nuestras relaciones sociales. Todos llevamos una especie de máscara y muchas veces lo que mostramos a los demás no se corresponde con lo que realmente pensamos o sentimos.
Vivimos en una sociedad cada vez más hiperconectada, donde hay mucha superficialidad, un exceso de información y unas relaciones humanas que a veces resultan bastante artificiales. Todo esto me parece un poco inquietante y es algo que quería reflejar en la película.
Decorado funciona como una metáfora de nuestra sociedad y de las contradicciones que vivimos.
Arnold empieza a sospechar que todo lo que le rodea es falso y, de alguna manera, creo que todos hemos tenido esa sensación en algún momento de nuestra vida. Me interesaba hablar de esa distancia que a veces existe entre lo que aparentamos ser y lo que realmente somos.
–Su cine utiliza el humor negro y el absurdo para hablar de cuestiones bastante inquietantes. ¿Nos reímos de aquello que, en realidad, nos da miedo?
Me interesa mucho utilizar el humor en mis historias. Creo que ayuda a equilibrar el tono de una película, sobre todo cuando estás tratando temas oscuros o dramáticos. De alguna manera, le quita peso a lo que estás contando y hace que los mensajes sean más digeribles.
También creo que la vida es una mezcla de comedia y drama. A veces, una misma situación puede resultar cómica o trágica dependiendo de cómo la mires. Me interesa mucho jugar con esos contrastes, tanto en los personajes como en las situaciones.
En mi caso, me sale de una manera bastante natural. Me gusta el humor negro, el absurdo, el surrealismo, la ironía y el sarcasmo. Creo que también tiene mucho que ver con nuestra tradición cultural, con la retranca gallega y con cineastas como Luis Buñuel. Son referencias que forman parte de mi manera de entender el humor y de contar historias.
–¿Vivimos realmente en un decorado o necesitamos creer que la realidad tiene algún sentido?
Al igual que Arnold, el ratón de mediana edad protagonista, todos hemos tenido momentos de crisis existencial en los que nos preguntamos qué sentido tiene nuestra vida, por qué hacemos lo que hacemos o por qué tenemos que vivir de una determinada manera.
Vivimos dentro de una sociedad con unas reglas que muchas veces no hemos elegido y de las que es bastante difícil escapar. Pero creo que, dentro de ese gran decorado, cada uno puede intentar construir su propio pequeño decorado, más acorde con su manera de entender la vida.
Para mí, el sentido está en las relaciones humanas, en los vínculos sinceros y honestos, en la amistad y en el amor. También en nuestras aficiones y en las cosas que realmente nos importan. Creo que ahí es donde podemos encontrar cierta libertad y una manera de ser felices dentro de tu mundo.
–¿Es el humor una forma de resistencia frente a un mundo cada vez más absurdo?
Por una parte, el humor es una manera de enfrentarse a una realidad que a veces puede resultar bastante desalentadora. Pero también lo utilizo porque forma parte de mi manera de narrar, de contar historias, de mi manera de ser. A veces puede ser un humor oscuro, otras veces irónico o absurdo, pero al final siempre es humor.
–¿Qué le permite contar la animación que sería imposible transmitir con actores de carne y hueso?
Yo soy dibujante y mi manera natural de contar historias es a través del dibujo. Es mi lenguaje.
La animación me parece un medio muy interesante porque permite hablar de la realidad de una manera poética y metafórica, y abordar temas complejos desde perspectivas diferentes. A mí me interesa especialmente aquello que solo se puede hacer mediante este lenguaje, cuando el propio medio mira hacia sí mismo, hacia el dibujo y sus posibilidades expresivas.
Pero, por supuesto, hay muchas maneras de trabajar con ella. Es un medio enormemente rico, con infinidad de técnicas, estilos y formas de narrar. Dentro de este tipo de cine conviven diferentes géneros, lenguajes e incluso formas de expresión que se acercan a otras disciplinas artísticas. Esa diversidad es precisamente una de las cosas que más me interesan.
–La animación sigue teniendo que reivindicar su espacio dentro del cine. ¿Cree que premios como el Goya ayudan a romper esa percepción de que es un género destinado principalmente al público infantil?
La animación es un medio, no un género en sí mismo. A través de ella puedes contar un drama, una comedia, hacer un documental o cualquier otro tipo de historia. Es un lenguaje cinematográfico con sus propias posibilidades expresivas.
Por supuesto, es importante que estas películas tengan visibilidad, y premios como los Goya ayudan mucho en ese sentido, ya que son los más populares. Además, en los últimos años estamos viendo cómo muchas de las películas que reciben estos reconocimientos, tanto nacionales como internacionales, están dirigidas a un público adulto. Creo que eso también ayuda a cambiar la percepción que todavía existe sobre este tipo de cine.
Pero eso no significa que tenga nada en contra de las películas infantiles, todo lo contrario. A mí también me gustan. Creo que hay espacio para todo tipo de historias y públicos, y que lo importante es que las películas estén bien hechas.
–¿Qué le gustaría que se llevara el espectador después de verla? ¿Una reflexión, una inquietud o simplemente una experiencia cinematográfica?
A mí, con que la película haya entretenido al espectador, le haya hecho gracia alguna escena o haya conseguido emocionarlo en algún momento, ya me doy por satisfecho. Si además le hace reflexionar sobre alguna de las cuestiones que plantea, mucho mejor. Pero tampoco creo que el espectador tenga que salir del cine con una conclusión concreta.
–Después de Decorado, ¿hacia dónde le gustaría llevar su cine?
Ahora mismo, la verdad es que no lo sé. Después de tantos años trabajando en películas, siento que necesito descansar un poco del cine. Me apetece experimentar con otros medios artísticos, explorar otras formas de expresión y dedicar tiempo a cosas diferentes.
Creo que el descanso también es importante para que las ideas maduren y los proyectos evolucionen. Por ahora no tengo previsto hacer otra película. Prefiero darme un tiempo y ver hacia dónde me llevan las ganas de crear.
–Usted mismo consiguió un Goya con el cortometraje Decorado antes de desarrollar su versión larga. ¿Hasta qué punto los festivales y los premios pueden cambiar el destino de una obra y abrir la puerta a proyectos de mayor envergadura?
Ganar premios está bien porque, de alguna manera, te ayuda a seguir viviendo de este trabajo y te permite poder desarrollar nuevos proyectos. Los premios también sirven para dar visibilidad a lo que haces, aunque eso no significa necesariamente que una película con más premios sea mejor que otra.
En España, los Goya son los premios cinematográficos que todo el mundo conoce y tienen una repercusión importante. Cuando una película recibe un Goya, se vuelve a hablar de ella, aparecen nuevas entrevistas y se genera otra vez interés por el trabajo. Es una manera de darle una segunda vida a la película.
–¿Qué importancia tienen los festivales de cortometrajes para descubrir nuevos talentos y dar visibilidad a cineastas que todavía no han conseguido abrirse camino en la industria?
Creo que los festivales de cortometrajes son fundamentales. Son los espacios donde estas películas pueden exhibirse, encontrarse con el público y tener una vida más allá de su realización.
Para mí también es importante reivindicar que el cortometraje tiene valor por sí mismo. No tiene por qué ser un paso previo al largometraje. Son películas de menor duración, pero son igualmente películas.
![]()
